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Algunas cosas interesantes

21 Noviembre 2006

¿Por qué la indigencia?

Es habitual encontrar personas indigentes en las calles y avenidas de la ciudad de Bogotá, pero lo que no es tan común, es ver cómo ahora tratan a estos seres humanos, como problemas y estorbos para una urbe en crecimiento y desarrollo.

José Martínez, es uno de los indigentes que fueron desalojados de lo que solía llamarse “La calle del Cartucho”. Este Capitalino, con su veintiúnica chaqueta doble faz, con el logotipo de los Cardenales de San Luís, su pantalón nuevo, con dos semanas constantes de uso que le regalaron en la estación de Bomberos de los Mártires.

Como El Quijote, José, el indigente de la triste figura, anduvo días durmiendo en la incómoda silla del parque Ricaurte, en el centro de Bogotá. Desde ese momento hasta ahora, formó su centro de operaciones para recorrer las calles de arriba hacia abajo, en búsqueda de su preciado material reciclable, el que fielmente le sustenta su pancito y la infaltable “bichita” diaria.

Es difícil saber un porcentaje exacto de ciudadanos indigentes , puesto que es una población en constante movimiento, ni siquiera se tuvo un censo promedio cuando se encontraban todos reunidos en El Cartucho. Lo que se pudo sacar fue un calculo aproximado de indigentes menores de edad, mediante un proyecto de rehabilitación, programado por el Departamento Administrativo de Bienestar Social (DABS).aproximadamente había 267 niños indigentes.

A sus 46 años de edad, José Martínez, el mismo que nació en la ciudad de Buga, junto al Señor de los Milagros; ese que se graduó como odontólogo en la Universidad Nacional hacia el año 82, el que asistió a un par de foros sobre ortodoncia y alcanzó a tener su propio consultorio en el barrio Chico, al norte de Bogotá, ese mismo, no se reconoce por ningún lado.

“Cuando paso por los ventanales de todo lo que es el centro, por uno que otro espejito y hasta en los mismos charcos, me pongo a ver como estoy, y no soy el rastro de lo que era antes”, afirma este indigente. Faltándole cuatro años para llegar al quinto piso su pelo esta adornado con residuos mugrosos, que despiertan cierta sensación de asco hasta para él mismo, sus ojos color café conjugan descompensadamente con su cara redonda, barba pronunciada y desarreglada.

Como lo cuenta José y también lo afirma el DABS, el problema de la indigencia se da principalmente en el núcleo familiar. En el caso de José, su mujer, aquella a quien tenía en un pedestal, lo traicionó con su asistente del consultorio odontológico. Por eso él dejo sus hijos su familia completa , por la infidelidad de su mujer.

“No tolero la traición y menos el engaño que ella cometió, después que le di todo: apartamento, carro, finca, viajes, hasta un paseo a Cartagena cuando nos casamos, mis hijos eran lo que más me importaba, yo no podia vivir con esa fariseo, pero mis chinitos estaban chiquitos y necesitaban más una mamá, que un papá; sin embargo, los segui viendo por un tiempo antes de que me metiera de cabeza en la droga y en el traguito” afirmó José recordando con tristeza todo lo que había pasado.

José cuenta que lo último que supo de ellos fue de una forma muy casual: “Me pasó una cosa que sólo me pasa a mí al Chapulín Colorado: póngale cuidado que el año pasado, el 24 de Diciembre, estaba yo aquí en el San Andresito de San José, en eso de las compras que hace la gente, cuando limpiándole las farolas a una Toyota Prado, me pillé que la que manejaba la cáscara era mi ex mujer”

Mientras José contaba esta parte de su vida, saca la mano de su chaqueta de los cardenales y muestra, además de sus uñas infestadas de mugre y hongos por estar entre la basura un anillo de oro ubicado en su dedo anular.

Continua relatando aquel 24 de diciembre: “¡Me conoció el anillo de matrimonio cuando le pedí la moneda por la limpiada! No se lo cree nadie si o que. Cuando la vi, me quede como enhuevonado; ella se bajo de una, con dos manes grandes y gritaba: “ese es su papá, no dejen que se vaya otra vez. Salí corriendo como volador sin palo por toda la novena abajo y no los he vuelto a ver”.

Esta es la vida de muchos indigentes en Bogotá, que dejan atrás sus vidas socialmente buenas, pare refugiarse en las calles consumiendo droga y alcohol, viviendo sólo lo que se le presenta a diario, sin tener un rumbo fijo y sin preocupaciones de lo que vendrá en el futuro.

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Mi nombre es Ricardo Acosta soy estudiante de comunicación social y periodismo de la Universidad Central.

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